La Fiesta de quince años. 1/52 Retos Literup 2020

Según la tradición debía celebrarse una gran fiesta, pero Lucía no lo desea así. El temor a exponerse ante miradas extrañas le impide estar a gusto cuando se rodea de muchas personas. Prefiere festejar su cumpleaños con algunos pocos amigos en un restaurante cercano. Con estos argumentos convenció a su madre para que así fuese.

No contaron con las expectativas de la familia. Sería la última fiesta de este tipo, Lucía era la más joven hasta ese entonces. Al conocer sus deseos, una tía propuso hacer la reunión en la casa familiar con la «gran fiesta» que debía ser. Otros miembros de la familia alegaron ser invitados inevitables, además de que muchos ya vivían allí, así tan solo debían movilizarse sus amigos. «Estamos a poca distancia» dijeron, «la casa queda en un lugar paradisíaco con un paisaje que se pierde de vista, ¿quién no querrá venir?» Otra de sus tías propuso una cena al aire libre, en el enorme patio. «Tus amigos podrán ir luego al río» dijo otro tío al señalar con orgullo el caminito de tierra que llevaba hasta la orilla. La negativa de Lucía se vio opacada con el entusiasmo de la familia.

Lucía temió que sus amigas tuviesen que quedarse a dormir. Le ponía nerviosa pensar que conocieran a una de sus tías, en concreto a esa que tenía la manía de prender y apagar luces, de ver quién dormía, quién comía, quién se bañaba, que acostumbra a deambular por los pasillos vacíos de la casa mientras dice: «aquí no hay nadie» y quien ahora propone la idea de reunirse allí de noche.

Lucía y su madre piden que sea una reunión pequeña, nada formal, ni tradicional. Estas condiciones no son del agrado familiar, pero se lo conceden. Así que aceptan resignadas a que fuesen más personas de las que habían pensado.

El día de la celebración esa tía contó las sillas, adornos y todo aquello que se pudiera contabilizar, dió órdenes y corrigió lo ya terminado, encendió y apagó luces, «Es para asegurarme que funcionan» dijo. Entraba y salía de la casa con tal rapidez que pronto Lucía y su madre dejaron de prestarle atención, atareadas con los arreglos, se centraron en las pocas mesas iluminadas, esas que parecían eran donde se serviría la cena. El resto del patio permaneció a oscuras. Intentaron alumbrar por completo el lugar pero esa tía montó en cólera por arruinar su «trabajo» y como nadie quería seguir escuchando los gritos convencieron a Lucía de que con lo que tenían sería suficiente. La animaron a que buscara y preparara su música para la velada, por lo que se retiró a su habitación a repasar su playlist.

Cayó la noche y escucharon un coche. «Llegaron los invitados» dijo Lucía mientras corrió a recibirlos. Para su sorpresa solo habían asistido dos amigas, los demás habían enviado excusas. A pesar del contratiempo Lucía estaba alegre «son amigas de verdad» pensó.

En el patio las presentó a su madre y a el resto de la familia. Las amigas esbozaron un tímido saludo, incómodas ante el ambiente tenebroso creado por la zona oscura del patio.

—¿Por qué es tan oscuro? —preguntó una de ellas.

—Si solo se iluminan las mesas donde vamos a comer es más bonito, se crea una atmósfera más íntima —Fue la respuesta que balbuceó Lucía mientras pensó que era por la terquedad de esa tía que no les dejó iluminar el patio.

De pronto las sorprendió una algarabía. Se acercaban murmullos de gente y una música irreconocible para ella y sus amigas. «♫♪ Tiempo de vals es tiempo hacia atrás♫♪» cantaban a coro los que se fueron introduciendo en el ambiente «♫♪ Cuando el mundo se para ♫
Y te observa girar♫♪
» Lo fueron llenando todo sus violines y voces. Cada vez más cerca una pequeña multitud atravesaba el portón abierto para la ocasión.

Pudo distinguir al grupo de músicos y a esa tía encabezando la marcha de vestidos largos y trajes formales. Lucía y su madre se quedaron pasmadas, el resto de la familia, asombrados, enmudeció. Sus dos amigas ocultaron las risas, viendo el espectáculo insólito que tenían en frente. Ellas, que se habían resignado aburrirse compartiendo esa noche con la familia de la pobre Lucía, ahora se encontraban en una fiesta con todo el pueblo presente.

Esa tía entró bailando y cantando cada vez más frenética «♫♪ Has que jamás se termine el vals ♫
1, 2,3, 1, 2,3, ♪ no Termine jamás ♫♪
» , encendió todas las luces del patio y se vieron adornos, mesas con comidas, bebidas, flores, un escenario y un lugar en el centro para bailar.

Los músicos, sin dejar de tocar esa extraña melodía que en oídos de Lucía sonaba a pasado, se acomodaron en el escenario para terminar su canción: «♫♪ Es tiempo en espiral ♫♪» Luego, un joven tomó un micrófono y comenzó a recitar un poema «humorístico» en alusión a la cumpleañera. Producto de las rimas, los presentes alternaron risas con miradas hacia ella, algunos susurraban comentarios para luego volver a reir, los primos y primas más jóvenes endurecen el rostro como muestra de desaprobación ante las circunstancias, sin embargo ninguno se atrevió a mostrarle apoyo. Se mantuvieron alejados de Lucía todo lo que pudieron.

En un intento por esconderse, Lucía se refugió en la misma mesa que su madre. «Esto no puede estar pasando» le dijo. Antes de que pudiera terminar de hablar esa tía la toma de la mano y la sienta en otra silla y luego en otra y en otra… hasta que la paseó por todas las mesas en donde la obligó a sonreír con cada invitado. «Cálmate son conocidos nuestros, no hay porque temerles» le murmuraba la tía cerca de sus oídos, ante las protesta silenciosa y muy física de Lucía, por intentar zafarse de la mano que la apretó con fuerza para llevarla de silla en silla y de mesa en mesa hasta que la devolvió con su madre.

—Desde hoy ya eres mayor, así que cálmate y compórtate. No le des el gusto a tu tía de hacer un espectáculo. Haz que tu padre esté orgulloso de ti en circunstancias como estas —dijo la madre para pedir templanza, mientras le endereza la espalda con la mano y le muestra cómo llevar la cabeza en alto en esas circunstancias.

En un intento de contención, de no explotar de ira, el cuerpo de Lucía imitó al de su madre solo que su ojo derecho comenzó a palpitar, tanto, que sintió que podía salir de su órbita. Su cabeza repitió las palabras que le pedían calma una y otra vez, mezclada con otras voces y la música «♫♪1, 2,3, 1, 2,3♫♪».

Mas calmada giró su cabeza y ya no vió a su madre. Esta había sido arrastrada a un grupo que le daba a probar una comida. A sus amigas las habían sacado a bailar al centro del patio. Estaba sola, con voces internas anidando en su cabeza y esa música: «♫♪ Tiempo de vals ♪ Tiempo de sentir ♪ De decir sin hablar y sin escuchar, sin oír ♪ El silencio que rompe el aire, un violín ♫♪».

Llegaron los brindis y aplausos, que en su interior se tradujeron como insultos y abucheos. De pronto esa tía volvió a buscarla. Se llevó a la pobre Lucía, pálida y fatigada como estaba hasta el centro del escenario. La sentó en una silla decorada con flores y en lo alto una cinta que decía en purpurina «Quinceañera» La descalzaron y, como se cambia una muñeca, sus zapatillas planas se transformaron en unos zapatos de tacón alto que no dominaba para nada, por lo que ni siquiera hizo el intento de levantarse.

Desde el improvisado trono, la cabeza y espalda erguida de Lucía contempla a muchos desconocidos bailar, comer, beber y «celebrar» su cumpleaños. El ojo derecho empezó a doler. Las voces que le pedían templanza y la que reproducía la vieja canción se unificaron. Tomaron una forma amigable, de confianza. Su padre fallecido años atrás se alojó de forma permanente en su cabeza. El fantasma le habló tratando de controlar el nuevo tic del ojo derecho que a partir de ese momento no cesará de palpitar en circunstancias como esas.


Participa en 52 retos de escritura para 2020 (1.- Una historia sobre un baile multitudinario)

  • La canción Tiempo de vals de Chayanne es muy común en una parte muy amplia de latinoamérica. La otra canción es 15 primaveras de Vicente Fernández (que no he usado en este relato) Son parte de la “tradición” de la fiestas de quinceañeras, por lo general es el primer baile (que empieza con la homenajeada y su padre) o la cuadrilla de “damas” y acompañantes de uniforme militar.

Otras historias (cortas) sobre esa casa: Seis horas de camino habían valido la penaMujer, sombras


Habemus proyecto!! Ya disponible la historia completa de El expulsado en Juego de historia sigue los enlaces (botones verdes) y ¡Ayúdalo a salir con vida del laberinto de Juego de historias

Soy Saturnino Segundo Molina Molina:  El expulsado. Te espero!

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