Peligroso souvenir del Amazonas

Lucía quiso viajar y a pesar de tener tan solo una semana de vacaciones, se dispuso a realizar esa excursión. Entre los diferentes traslados y el largo vuelo, le tomó un día llegar al Amazonas.

Vio la espesura de la selva y de inmediato quiso ir a explorar. No quería perder el tiempo aunque en la recepción de esa tienda de campaña gigantesca, que era el hotel, le informaron que los paseos se hacían por la mañana. Se apuntó para ir al primero el día siguiente. En su habitación miró somnolienta por la ventana «¡El viaje valió la pena!» con este pensamiento disfrutó de un reponedor descanso.

El amanecer barrió las sombras con su delicada luz. Caminó con un grupo de turistas que, como ella, están fascinados con el paisaje mientras los guías insisten «No se dispersen» «Manténganse juntos» pero Lucía no hace caso a sus advertencias y en varias ocasiones pararon mientras uno de ellos iba en su búsqueda para encontrarla al otro lado del sendero, distraída con sus selfies, subiendo fotos en las redes, contemplando una planta, un insecto, una lucecita que llama su atención y al llegar esboza una disculpa sin convencer, apuntando a los presentes con su móvil, «¡Foto de grupo!» y vemos como alguien se tapa la cara con el sombrero, otro se aleja molesto y Lucía continúa con sus comentarios, narrando el episodio a sus amigos virtuales, no para con los enunciados sobre el paseo sin importar la molesta atmósfera que genera «El calor es insoportable… los mosquitos me están matando…», . estaban deseando llegar y separarse de ella. 

«No toquen las plantas o los insectos que encuentren en el camino, pueden ser venenosos…» «Pronto vamos a llegar, nos esperan con una suculenta comida…»  «En las pozas pueden nadar, sus aguas son seguras, no son profundas… » Los guías hablan pero Lucía atenta a sus «descubrimientos» no escucha, distraída continúa tomando fotos a las hojas, piedras y algún que otro «bicho raro», alguno los agarra a escondidas y los guarda con cautela en su bolso pensando «souvenir para mis amigos» y capta escenas con algún distraído, obligado a participar en sus selfies…

No supo cómo llegaron a una «choza» redonda donde había una mesa con alimentos típicos. Los guías sirven y explican qué era: «casabe, está hecho de harina de yuca, asado en un budare; Patarasca son peces de la región asados dentro de hojas de plátano», mientras los integrantes del grupo toman asiento en lo que a Lucía le pareció unas improvisadas sillas. Desde allí se ve que el río forma diferentes pozos con las grandes piedras rodeadas por una frondosa vegetación pero Lucía se distrajo de nuevo al ver en los árboles una forma con pelos suaves, «parece un peluche» pensó y no pudo resistir agregarla a lo que tenía en su mente titular «colección de cosas raras»

Al tocar esa capa de pelo sedoso un intenso dolor se extendió hasta el hombro pero no dijo nada por temor a que descubrieran que la había guardado en su bolso. No se recuperó de la dolencia, sino por lo contrario ésta iba en aumento, cuando otra forma atrajo de nuevo su atención. Era como una palo lleno de pequeñas ramitas con hojas regulares, muy bonita. Su atractivo color y su simetría, fue una clara invitación para coleccionar, no pudo contenerse, su mano se deslizó hasta ella. El dolor intenso acompañado de una sensación de calor, no fue un impedimento para agarrar con fuerza a ese «bicho tan bonito» y también meterlo en su bolso, luego se dispuso a desayunar orgullosa de sus pequeños trofeos.  

Hizo un gran esfuerzo para disimular su malestar entró a la choza con la intención de desayunar, pero apenas probó bocado «¡No hay platos! está servida en hojas!» expresó en voz alta, horrorizada, además la dolencia la doblegó. «Sí, son hojas de plátano, muchos de nuestras comidas se cocinan envueltos con ellas…» aclaró uno de los guías, al que Lucía interrumpió «Por salir tan temprano dejé en la habitación del hotel los bocadillos que traje desde mi casa. ¡Esto no me vuelve a ocurrir! No puedo comer cosas tan raras… y menos servida así, como si fuéramos animales» Salió de la «choza», se recostó a la sombra de un árbol, el dolor en la parte posterior de la cabeza no la dejó tranquila: Náuseas, dolores abdominales, supuso que el raro sarpullido que comenzaba a brotar era producto del calor y los zancudos. Cerró los ojos, esperó se le pasara el malestar y a duras penas se durmió. El grupo al verla acurrucada a la sombra del árbol, hastiados de sus impertinencias, optó por dejarla tranquila. 

Después de ocho horas de intensa actividad decidieron volver. Lucía seguía dormida. Una de los guías fue el encargado de despertarla y al ver que tenía algunos moretones le preguntó «¿Has comido algo por su cuenta…, Has tocado algún animal… alguna planta?» Pero ella reclamó haberse intoxicado por el « desayuno autóctono», molesta se incorporó al grupo para comenzar el camino de regreso. Iba silenciosa, abrazando su bolso, mandando mensajes a sus amigos virtuales «Un desastre… una porquería de comida!… no tienen platos… sirven los alimentos en hojas, que a lo mejor están llenas de bichos!… se van a enterar… un litigio por negligencia al hotel, a los guías, a Molina por recomendarme ésto…» también pensó «lo único que vale la pena son las cosas que recolecté» Le costaba caminar pero no se detuvo, no se quejó, deseaba descansar de verdad lejos de los mosquitos y del calor.

Al llegar al hotel fue directo a la habitación, se lanzó en la cama, el bolso cayó al suelo quedando entre-abierto, dejando ver algunos de sus «trofeos» Sus ojos comenzaron a cerrarse mientras que un sudor frío le recorría el cuerpo, sentía calor, seguía con náuseas. Pensó que era mejor vomitar y fue al baño a rastras pero al ver que sangraba por la nariz y por las encías llamó a la recepción del hotel pidiendo ayuda, luego se tumbó en la cama.

Como en un sueño vio que de su bolso salían volando dos hermosas mariposas, su mirada siguió el vuelo a la par que se desmayaba y mientras, tocaban a su puerta. Al no responder la abrieron, la encontraron tendida en la cama con los ojos hacia el infinito. Con discreción llamaron a las autoridades y éstas, mientras trasladaban su cuerpo a la morgue, se pusieron en contacto con la familia. Sus «trofeos» al transformarse se habían ido volando llevando en su aleteo las vacaciones de la imprudente Lucía.


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4 comentarios

  1. Me ha echo gracia lo de “comer cosas raras” pero me ha llamado tanto la atención la yuca … hmmm … que rico!! con salsa, o con caracoles de guinea. Lo siento pero está muy bueno el plátano frito y todo lo que se puede encontrar las ciudades y pueblos. ¡Hay que investigar! Y sobre el relato, qué te voy a decir, si lo haces genial. Es un buen inspirador a iniciarse a probar cosas nuevas, pero con prudencia. Un saludo!! K

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