¿Psicópata, sociópata o simplemente inconforme?

Es cierto que en toda creación hay una actitud de rechazo a lo establecido, de no ser así la pintura sería manchas de colores y formas acordes a una decoración aceptada por la mayoría; la literatura se tendría que conformar con hilar bien las palabras para decir lo que todos quieren escuchar y así en cada una de las artes, pero ¿La obra justifica la conducta del artista?

Torturar a un ser vivo y hacerlo en público es un acto impensable. Si una persona se instala en una plaza y comienza a jugar con un perro, gato o cualquier otro animal clavándole cuchillos en su espalda ¿alguien llamará a la policía, horrorizado? (quiero pensar que sí) pero, si lo hace en una plaza de toros ¿es una emocionante danza tradicional, un «espectáculo artístico»? Estas son demasiadas interrogantes… mejor volvamos al tema del arte y tomemos como ejemplo a un artista que, para exponer sus ideas en un salón, galería, museo o calle utiliza animales vivos que se van a extinguir durante la exhibición ¿Esto es una genialidad?

Sobre los artistas se tienen muchos prejuicios y alrededor de su persona se tejen todo tipo de fantasías ya que son personas inconformes con la realidad que les toca vivir. Pensamos en ellos como si llevaran dentro de su cabeza a un «pequeño loco» que en cualquier momento va hacer su aparición. Me viene a la memoria las historias de algunas personalidades como las de Vincent van Gogh, su carácter difícil y fuerte temperamento; Paul Gauguin, su renuncia a los valores anteriormente compartido con su familia cuando sintió el impulso de pintar a tiempo completo; El Caravaggio, su vida tumultuosa, envuelta en numerosas riñas en donde, probablemente por accidente,  mató a un hombre; Tennessee Williams y su  alcoholismo; Edvard Munch, con una vida llena de ansiedad y alucinaciones… y paré de contar…

Es romántico tener esa visión del artista asociándolo con una actitud de transgresión constante, nos olvidamos de otros genios del arte que realizaron «encargos» sin que esto fuera en detrimento de su obra. Son muchos los que han trabajado para cumplir un compromiso y nos han dejado un gran legado: Sandro Botticelli quien realizó «La primavera» para adornar la casa de Lorenzo de Médici en la ciudad de Florencia; Miguel Ángel Buonarroti, quien estaba a las órdenes de la familia Médici de Florencia y los diferentes papas romanos; Antonio Vivaldi, realizó la serenata «Gloria e Imeneo» para la celebración del  matrimonio de Luis XV; Isadora Duncan, quien mostraba su novedosa puesta en escena y lenguaje corporal en fiestas de burgueses. A pesar de que los motivos parecen banales: la decoración de un salón, un asalariado cumpliendo órdenes, música para amenizar una boda, danzar para amenizar una reunión social, en ninguno de ellos dejó de existir una propuesta, por el contrario, mostraron su visión del mundo impresionando a sus contemporáneos y a las generaciones futuras, a pesar del tiempo transcurrido sus obras siguen generando pasiones.

Otros grandes no fueron comprendidos en su época porque no se ajustaron a los cánones establecidos, valorándose su labor mucho más tarde. Como es el caso de El Greco cuya obra comenzó a tener la atención que merecía en siglo XIX; Henry Darger cuyo estilo contemporáneo no fue apreciado durante su vida y así muchos otros. Dentro de este grupo también están los que crearon un revuelo con sus planteamientos siendo rechazados en su momento por su actitud desafiante pero, al pasar el tiempo, sus obras han sido aceptadas y reconocidas como «obras de arte», la percepción de lo permitido evolucionó y aquello que fue prohibido en sus épocas hoy son vistas con normalidad. Aquí podríamos mencionar a Marcel Duchamp y Max Ernst.

Y por último están los eternos incomprendidos, porque a pesar del tiempo transcurrido entre su vida y la actualidad, su obra sigue causando un gran impacto y se continúan censurando. Tal es el caso de  Egon Schiele quien con Gustav Klimt dieron origen al Modernismo y a una nueva comunidad artística llamada Secesión Vienesa, cuyo lema era «A cada época su arte y al arte su libertad» En el excelente documental dirigido por Michele Mally «Klimt & Schiele. Eros and psyche», nos muestran de forma amena e impactante la obra de Gustav Klimt y Egon Schiele conectándolas con las ideas sobre la sexualidad humana formuladas por Sigmund Freud. La censura acompañó a Schiele lo largo de su corta y tormentosa vida y hoy que hablamos de la sexualidad con una «mente amplia» sigue siendo un artista cuya obra no podemos ver en las redes sociales (aunque no mata animales y está dentro del primer grupo con el cual comencé esta nota)

Después de ver este documental me pregunté ¿Hasta dónde es aceptada la trasgresión? No lo sé, tan solo puedo concluir que la creación es como pararse al borde del abismo. El artista decide mantener el equilibrio o dejarse seducir por lo insondable y se dejará llevar por caminos oscuros o no. Al final de ese trayecto se desvelará la «obra» o la «no-obra». La sociedad decide en qué momento la acepta, aplaude o repudie según le convenga.

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