Pasos que parecían seguros. 2/52 RETOS DE ESCRITURA 2019

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Carmen M. Sosa: Recordó sus propósitos de año nuevo, mientras iba camino a cumplirlos. Propósito de Año nuevo. 1/52(relato sobre los propósitos de año nuevo de tu personaje)

Carmen M. Sosa entró feliz a su casa pensando festejar la noticia, se encontró a su hermano menor y le pidió que buscara al resto de la familia para reunirlos en el salón. Carmen no era de hablar en voz alta, ni de llamar con gritos a nadie. Eso de ser una «mujer educada» lo remataba con su timidez, por eso le dejaba la tarea de gritar a sus hermanos.

En este caso su hermano menor sin separar los ojos del televisor que colgaba en la pared cual obra de museo y sin despegar sus posaderas del sofá los llamó a voces,  con todas sus fuerzas. También a gritos le avisó a Carmen que el hermano mayor no estaba en casa. No le importó, estaba deseosa por compartir su buena nueva.

Los padres acudieron con prisas al llamado del «niño» de 11 años. Cuando ella se dispuso a darles la noticia se abrió la puerta principal de la casa y se escuchó la excitada voz de su hermano mayor dando las gracias a la vida. Entró como un torbellino acaparando toda la atención, contando cómo su amigo le había prometido hacer lo posible para conseguirle una entrevista de trabajo «no me lo creo!» decía mientras se deshace en halagos para su amigo.  La familia lo felicitó, sería su primer trabajo con apenas un mes de graduado. Se volcaron hacerle preguntas y a fantasear sobre el triunfo que iba a tener. Cuando la conversación empezaba a decaer la madre de Carmen recordó el porqué estaba sentada en el salón

—Hija ¿no ibas a contar alguna cosa? —dijo con inseguridad en su voz.

— ¡Me han dado el trabajo! —exclamó Carmen toda sonriente, contagiada de la euforia del momento y sin esconder su propia excitación, pero con una voz tan suave que constataba con sus ojos brillantes de contento.
Era un triunfo que deseaba saborear y compartir.  

La familia reaccionó mirándola en silencio esperando detalles y ella se quedó muda esperando las preguntas tal y como acababa de ocurrir con el hermano mayor. Luego de ese incómodo instante continuaron especulando sobre el éxito que iba a tener su hermano a raíz de esa entrevista. Carmen sólo atinó a meter su mano en el bolsillo, tocó su nuevo amuleto de la suerte y salió de la casa. Caminó hacia el café habitual para la merienda, necesitaba de aquella tarta.

Al día siguiente se levantó temprano. En su mente se agrupaban nuevas ilusiones mientras se dirigía a lo que sería su primer día en su primer trabajo. El autobús llegó repleto y con retraso, al subir se movió con cuidado para no tropezar con el resto de las personas mientras comprobaba el bolsillo de la chaqueta: Tenía la servilleta de la suerte. Nada podía torcerse, estaba empezando a cumplir sus propósitos. 

Al llegar a su destino sacó la mano del bolsillo y comenzó a caminar con pasos que parecían seguros. Al llegar a la oficina se dio cuenta que las personas llegaban saludando, se encontró  feliz de pertenecer a ese grupo que percibía como personas inteligentes y ocupadas, se imaginó que las personas de su grupo vida próspera se verían con ese aspecto en la vida real. Alguien se le acercó con amabilidad para indicarle su lugar en el laberinto de sillas y ordenadores y explicarle con detalles las actividades que debía hacer.

Escuchó atenta asintiendo con la cabeza, comprendiendo todas las indicaciones. Cuando esa persona la dejó sola su mente fue asaltada por la imagen de las silenciosas miradas de su famila la tarde anterior, se bloqueó y buscando encontrar más seguridad metió la mano en el bolsillo de la chaqueta. El corazón se le paralizó, un frío le recorrió el cuerpo: no encontró la servilleta. Frenética, continuó buscándola en todos los bolsillos y como una imagen nefasta la vio cayendo al suelo cuando, al salir del autobús sacó la mano del bolsillo, palideció y se sentó en su puesto mirando atenta a todo lo que le rodeaba, pero su mente se encontraba en bucle viendo cómo caía la servilleta.

Trató de hacer lo que le habían indicado sin apartar de su mente esa imagen que iba y venía como un presagio, disipando sus ilusiones.

Próximo en Carmen M. Sosa: El espejo en la puerta 3/52 
(3.Tu protagonista se mira en el espejo y ve algo que no debería estar ahí)


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Soy Saturnino Segundo Molina Molina:  El expulsado. Te espero!

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