Propósito de Año nuevo. 1/52 RETOS DE ESCRITURA 2019

Propósito de Año nuevo.

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52 retos de escritura para 2019
Participo! con Carmen M. Sosa. Se suma a la categoría «participa en» y la etiqueta #52RetosLiterup en donde pretendo que se pueda seguir el hilo de la historia en 52 entregas (que estará dentro de las normas)

Había revisado la App y aún faltaban 10 minutos para el próximo autobús, así que caminó despacio. Cuando pasó frente al café donde habitualmente merendaba recordó que el último domingo que estuvo allí no necesitó expresar con palabras lo que deseaba, solo con mirar al camarero éste supo que debía servirle lo de siempre.

Con el agradable recuerdo de la tarta de chocolate en la boca se subió al autobús. Una vez sentada contempló a su alrededor sin prestarle atención a nada en particular. Volvió a evocar las imágenes que revoloteaban en su cabeza aquella tarde,  hablaban de  resentimientos. Su mente también había viajado al pasado en un breve repaso de su vida. Al sentir que el nudo en el estómago se acentuaba se preguntó si fue producto de los nervios por lo que iba hacer ahora mismo, por revivir esas imágenes o  por ambas cosas. No lo supo con certeza. Igual, el estómago de Carmen siempre estaba anudado. En cualquier caso estuvo de acuerdo con su «yo» de aquella tarde del 30 de diciembre al sentir que su vida debía tomar otro rumbo, que tenía que cambiar cuando distraída, entre bocado y bocado de la tarta, revisaba las notificaciones en el móvil. Se encontró con un consejo que se repetía con imágenes diferentes en el grupo que seguía desde hacía un tiempo: «Terminar el año con nuevos propósitos para el siguiente» «Así sería todo más fácil» decían en las descripciones de algunas imágenes «dejar atrás las cosas malas y empezar a ser la persona que quieres ser»

 Armándose de valor se le ocurrió que ella también podía tener propósitos para el próximo año. No se atrevió a dejarlos en el móvil por temor a que sus hermanos lo leyeran cuando se lo quitaran para revisarlo y volvieran las burlas, los malos ratos tratando de no darle importancia a los «chistes» pero sintiéndose cada vez más infeliz por exponerse de esa forma. Buscó más información sobre cómo hacerlo y los reconocidos como personas  inteligentes por los demás del grupo sugerían escribirlo en un papel, lo que le pareció muy bien porque llegado el momento podría esconderlo o tirarlo si fuera necesario. Se vio decidida en aquella mesa del café buscando dentro del bolso con qué escribir. Había vaciado su contenido hasta encontrar un boli, pero no tenía papel. Nerviosa ante lo que consideró una mala señal, guardó todo nuevamente dentro del bolso.

En esos momentos no se había percatado que sus decepciones no la habían abandonado ni lo habían hecho ahora, solo estaban disfrazadas de ánimo y de resolución. Esa tarde sus pensamientos daban vueltas preguntándose «¿Qué se puede escribir en una lista de propósitos de año nuevo?» «Cosas buenas» pensó. «¿Lo que deseo hacer o tengo que hacer?» Con el boli en la mano, la servilleta que había tomado y colocado como una hoja de apuntes, y el cuerpo inclinado esperó impaciente las respuestas, como si quisiera que alguien se las dictara. Así que buscó nuevamente en el móvil alguna publicación del grupo que la ayudara a salir de dudas. Todos ellos se veían seguros de sus palabras, no pudo preguntar «esa tontería» se reirían de ella o la tomarían por tonta, así que abandonó el móvil en la mesa y  se quedó viendo el infinito. De pronto se dio cuenta de que una canción sonaba distante, prestó atención y  le dio la clave: Quería poder opinar en el grupo de la Vida próspera,  que su familia y todos la reconocieran como una persona inteligente. Comenzó a escribir despacio mientras sus ideas se aclaraban. Había leído que necesitaba realizar diferentes pasos para lograr lo que se propusiera, por lo que estuvo largo rato escribiendo.

El autobús terminó su trayecto. Tropezando con sus propios pies comenzó a caminar apresurada hacia su destino y apretando con la mano esa servilleta en el bolsillo se sintió segura. Lo había logrado luego de pasar las primeras semanas de Enero en las pruebas de selección, sin que nadie la avalara, sus propios pasos la habían dirigido a la empresa en donde podría estar su primer trabajo. Al llegar a la imponente recepción tuvo que identificarse. Al escuchar su nombre «Carmen M. Sosa» un escalofrío le recorrió el cuerpo, apresurada se dirigió a la puerta que le señalaron.

Sin sacar la mano del bolsillo Carmen contestaba con precisión a las preguntas que le hacían.  Feliz porque su lista de propósitos estaba funcionando, pensó que esa servilleta podría ser su amuleto de la suerte.

Próximo en Carmen M. Sosa: Pasos que parecían seguros. 2/52
(2.Historia sin un solo adverbio -mente)


El expulsado sigue los enlaces (botones verdes) y ¡Ayúdalo a salir con vida del laberinto de Juego de historias

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