Merchandising navideño

Arte como transmisión

Cuando el arte se utiliza como un medio para expresar un sentimiento que encierra una visión sobre el mundo y la vida, por lo general, trasciende al ser el reflejo que reinterpreta, con una voz más universal. Existen infinidad de ejemplos de artistas de todos los géneros y corrientes que han abierto caminos insospechados con la actitud rompedora de su creación, mientras escribo pienso en Queen (la banda); Banksy con su arte urbano, las estatuas vivientes de Gilbert & George con sus propuestas de Arte: Crítica, sátira, estética.

Insisto en que independientemente de la excelencia técnica, que por lo general está muy lograda ya que busca ser lo más efectiva posible y aspira a convertirse en una pieza de referencia para un grupo de consumo, cuando la industria se plantea la creación artística como medio para transmitir una ideología o un conjunto de valores, el arte se convierte en publicidad en el mejor de los casos ya que es consciente de ello y rentable para el artista, quien se puede convertir en un llamado Influencer, o no (me refiero a los que sus obras se avalan con su nombre, si lo anuncia X es bueno) hechas por encargo de una marca o por la misma industria (un inciso: El artista también come).  En otros casos se transforma en propaganda,  al repetir esquemas probados y/o valores complacientes para el statu quo, o sus contrarios.

En esta categoría tenemos muchos ejemplos que en esta época del año salen a relucir como palomitas de maíz. Nada más por mencionar algunas, recordemos todas las películas de navidad que como chorizos invaden estas tardes en la TV en abierto. Hablan sobre modelos anclados en tiempos remotos cuando la única relación familiar posible estaba compuesta por el padre, la madre y los hijos, todos felices al reencontrar la esencia de su familia en la navidad. El otro lado de la fórmula es la inspirada en Charles Dickens y su A Christmas Carol (Canción de Navidad, Cuento de Navidad o El cántico de Navidad) resaltando personajes que odian la navidad y que por alguna acción de otro personaje «encantador» o «aterrador» descubre lo feliz que puede ser aceptando la decoración y regalos de esta época del año. Estas fórmulas se saltan todo el contenido y van directo a la emoción y la lágrima fácil, nada que ver con la interpretación de Dickens de su entorno. Sin ir muy lejos en la wikipedia se lee:

“El libro se escribió y publicó durante la época victoriana, un tiempo en el que existía una gran nostalgia por las viejas tradiciones navideñas y comenzaban a introducirse nuevas costumbres como los árboles de Navidad o las tarjetas de felicitación. Las inspiraciones de Dickens para escribir la novela parecen ser muchas y variadas, pero las principales son las tristes y humillantes experiencias de su infancia, su simpatía por los pobres, y varios relatos navideños y cuentos de hadas.

[…] compartía la idea de Washington Irving, quien también había escrito sobre la navidad, de que la escenificación de unas Navidades inglesas nostálgicas podría ayudar a recuperar la armonía social que creían que se había perdido con la llegada del mundo moderno”

Las fórmulas hablan del amor filial sin mostrarlo, sin hacernos partícipes de las necesidades de cualquiera de sus personajes, simplemente nos muestran «cosas bonitas» y nos dicen lo importante que es compartir, amar, como si se tratase de una receta de cocina y más triste aún cuando integran en esa receta a un perro, gato o cualquier otra «mascota» para mostrar la «familia feliz» con un anexo, rompedor de cosas o molesto animalito, no recuerdo ninguna película de este corte que muestre un gato o a un perro como integrante real de una familia.

Una muestra de que un animalito, aunque no sea real, deja de ser parte del decorado y se convierte en personaje es en Happy!, en donde se crea una conexión con los otros personajes dentro de una historia propia, claro que Happy! No entra dentro de esta categoría de merchandising navideño, o sí pero menos pasteloso y no solamente por sus toques gore sino por la perspectiva del tema en sí, el tipo de amor que plantea y lo sentido del mensaje, más allá de su propuesta estética que no es para todos los gustos definitivamente pero, eso es tema de un A propósito de.

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