Hospital: Malos presagios

Malos presagios

Al quinto día de comenzar mi vida la muerte me pide paso. Al escuchar su voz me llené con su presencia, iniciando de esa manera una transformación en mí. En el instante que le vi el rostro me comentó que no respeta horario, puede ir a su antojo otorgando o quitando poderes.

Comprendí que actúa con autonomía. Mientras la muerte me susurra que se divierte con el poder que le otorgan algunos humanos al temerla, la noche se torna más sombría dibujando grises en todo lo que se encuentra en su camino y el aire silba frío. Como sus fieles cómplices también se entretienen creando la atmósfera propicia. En ese momento supe que juega a vestir a los que se irán con ella. Ese traje hace sentir vulnerables a los otros humanos que rodean al viajante, aumentando así la confusión de esos seres.

Mis compañeras de labor no sintieron sus palabras pero, conocían sus travesuras y habilidades. Por esa razón cuando me atreví a dar la orden de plegarnos a una ventana para dejarla pasar, todas me obedecieron, aun siendo la más joven del grupo y tras haberme unido recientemente. Desde allí pudimos ver una amplia habitación muy blanca e impoluta con olor a humanidad herida, esta se hacía cada vez más pequeña por la presencia de algunos humanos perdidos en sus propias miserias, caminando por sus rincones, escudriñando todo con sus miradas ávidas de respuestas, emitiendo sonidos que ya no serían extraños para mí. Cuando sintieron a la muerte, temieron ser vestidos y se ocultaron en sus propias sombras.

Era la primera vez en mi corta vida que tenía esta experiencia. El sonido constante y agudo de una máquina nos dificulta la comunicación. Sin embargo, las más veteranas explicaron lo imposible que sería el dejarnos llevar de esa manera, aunque estas vestiduras hayan sido dadas por fuerzas tan poderosas como la muerte o la fortuna. Que nosotros entendemos la vida con sus experiencias y a los seres que actúan según pueden y desean, sin dejarse atraer por un traje encantado que influya en sus capacidades. Que para nosotros es así la vida y así la amamos. También dijeron que la muerte es mucho más sencilla, sin protocolo ni artificios.

Que nuestros mundos se cruzan aquí y ahora. Entendí que mi historia comienza con mi nacimiento y termina cuando ella viene por mí, no cuando le veo su rostro y me habla. Unido a esa máquina ruidosa había una cama ocupada por el humano que despedía el fuerte olor. Observando la escena supe a quién buscaba. 


Malos presagios, también es parte de Malas decisiones

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