Representando entropías

A la hora de inventar mundos, resulta más fácil imaginar sistemas malvados que delicados equilibrios de poder que funcionen. Tal vez sea porque estos últimos se perciben como más aburridos, con malos menos evidentes y buenos menos virtuosos. Es más sencillo involucrar al lector en situaciones llenas de peligros causados por un entorno ajeno y absoluto que pretenda controlar y coartar las libertades, acentuando las características de los «malos de turno» o creando algunos vicios en ellos para asegurarnos la reacción del lector, bien sea para identificarse o para rechazarlo. Si por lo contrario se piensa sobre delicados equilibrios de poder que funcionen, la escena se nos complica porque aparentemente no hay choque de intereses o de poder.

Los sexys enfrentamientos con el sistema se convierten en gestiones intelectuales que generan menos acción, menos violencia física y de efectos. Quizás esta sea la razón por la cual la literatura, el cine y las series de televisión tratan más sobre enfrentamientos entre malos y buenos aunque esto sea actualmente un poco cuestionable, afortunadamente la línea ya no es tan marcada como pudo haberlo sido en épocas pasadas. Existen más matices entre un blanco, un negro, sin embargo son pocas las que hablan sobre acuerdos y pactos que puedan mantener una realidad común, compleja, delicada, que no tiene por qué ser necesariamente idílica y de hecho estos grises entre los blanco (las utopías) y los negros (distopías) están llenas de manchones que destruyen vidas que pueden ser reconstruidas o no y esto es más interesante para el público.

Existe mucha ficción y fantasía distópicas y pocas que se planteen una entropía: «el desorden inherente a un sistema» como orden social. Pensando un poco, en el mundo de las artes plásticas podríamos encontrar ejemplos de entropía en la obra de El Bosco, en donde contrasta la composición plástica, perfecta, ordenada e inmaculada con las imágenes imposible, moralmente antagónicas  y chocantes para la época y en la obra de M. C. Escher en la representación gráfica de mundos imposibles y juegos de perspectivas. En ambos, el conjunto está en equilibrio y funciona bien, son los detalles los que están llenos de pequeños universos caóticos, en transformación y conflicto.

El equilibrio no tiene porque ser idílico, utópico, ni perfecto, incluso lleva dentro de sí cierto caos que lo hace posible. Una historia que se desarrolle en un entorno en equilibrio no elimina el drama social, que afectará a un sector, y en ningún caso impide  la existencia de agrupaciones propias de nuestra condición humana: No elimina a los «fuertes» ni a los «débiles» de espíritu, de recursos o de alguna otra condición que pueda definir algún personaje, real o imaginario como «fuerte» o «débil». No borra los hilos de poder que tejen nuestras relaciones personales con otros y con el entorno, No acaba con las mafias, ni sectas evidentes como las que se muestran en The master (2012) y Rosemary’s Baby (1968) o encubiertas en asociaciones académicas, como lo he intentado al crear los Ellos y que nada tiene que ver con las fraternidades, como por ejemplo The Skulls, (2000) en grupos de ventas como las creadas en el entorno del Lobo de Wall Street (2013) o en Tiempo Compartido (2018) solo por mencionar las más expuestas y en donde me he centrado para mi trabajo de escritura.

He encontrado pocos ejemplos en la ficción en donde a pesar de ser mundos complicados parecen funcionar para todos los personajes, menos a los protagonistas. En la vida real estos sistemas integradores se ven en cualquier democracia occidental de estos tiempos, sin grandes conflictos generales dentro de sí mismo pero que, en algunos casos, pueden engullir a individuos dentro de sus fauces, tipo Josef K, (El proceso de Franz Kafka) y que al parecer es el único de no enterarse cómo va la burocracia de su sistema; marginar a los diferentes, como a  los protagonistas de Maniac que tiene sus conflictos al margen de lo que parece integrar a todos más o menos por igual menos a ellos; e incluso sacrificar población tipo The 100 mi favorito, en cuanto a estos sistemas equilibrados pero dramáticos para sus integrantes (los detalles de mi favoristomo: No hay héroes, solo sobrevivientes).

En estos casos de ficción no sabemos con exactitud cómo se ha llegado a estos complejos equilibrios. En la vida real suelen ser luego de conflictos armados entre defensores y detractores. Solo el caso de España, que yo sepa y no es mucho mi conocimiento en historia política internacional, se ha logrado una transición de un régimen totalitario a uno democrático vía pacto, sin violencia, revolución o contrarrevolución pudiendo mantener su diversidad e innumerables fronteras de todo tipo, geográficas, ideológicas, lingüísticas… en sana convivencia durante estos últimos 40 años y siguientes, o por lo menos eso es lo deseado.

Pantalla dividida en dos en donde un lado representa la baja entropía y el otro la alta. El sistema está representado por una imagen de un techo de una nave y los elementos que se desordenan con imágenes de Los 100; Maniac; Lobo de Wall Street, El proceso; y detalles del Jardín de las delicias del Bosco
Bajo y alto niveles de entropía.

 

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