A propósito de: El cuento de la criada

Series maniqueas y tramposas

Continuando con la reflexión sobre el arte como entretenimiento y la burbuja que nos construimos “a la carta”, pienso que realmente el arte no ha vuelto a la manera renacentista, sino de otra forma muy diferente. Otros hilos mueven a la industria del entretenimiento, demandando más contenidos por una parte y abriendo otro tipo de puertas a los que quedan fuera de nómina y se atreven. El resultado es un mercado saturado con unos y otros al borde de dejar de lado sus propuestas para ser intérpretes al servicio de la publicidad, incluso la ideológica, me gustaría pensar que de forma inconsciente.

La mayor parte del tiempo nos encontramos con grandes producciones en donde el mensaje se convierte en complaciente, pierde su esencia de propuesta y gana en publicidad, pasando de audaz a obra maniquea y tramposa, que manipula al espectador/consumidor con la intención de que se afecte de determinada manera Existen muchos ejemplos de ello, se me antoja hablar otra vez de la  narración de ciencia ficción distópica El cuento de la criada.  No trato de hacer una apología de la novela ni un libro vs serie sobre ella, sino hacer un ejemplo de la paradoja detrás del entretenimiento; de cómo se le da al público lo que supuestamente quiere y este lo acepta porque se supone que es lo que debería querer (y así todo es «supuestamente» más fácil para todos)

Maniquea y tramposa. A Propósito de el Cuento de la criada

“El momento de reivindicarla

Bruce Miller (Los 100) es el creador, guionista y productor ejecutivo de esta adaptación televisiva de la novela de 1985. Curiosamente, existe una adaptación previa cinematográfica de 1990, que estuvo protagonizada por Faye Dunaway, Robert Duvall y Natasha Richardson y también hubo una versión operística. Tristemente, el libro había tenido en España al menos, un periplo desigual, con gran probabilidad por el hecho de estar escrito por una mujer y encima de origen canadiense. (ver nota completa)

Al ser llevada a la TV como serie pierde su propuesta rompedora (a pesar de estar bajo su tutela) y se convierte en un sombrío mensaje de una mujer «heroica», que es capaz de enfrentarse solo con su voluntad a una sociedad dictatorial de hombres, cuando en realidad es una testigo (en la novela y película de 1990) y esto le da otra perspectiva, claro, menos abanderada y más creíble. Offred no deja de preguntarse cómo no fue capaz de ver lo que estaba comenzando, esto ya suena más familiar, de hecho en el libro hay una referencia al poema Ellos vinieron de Martin Niemöller. La novela nos pone en situación sobre la fuerza del miedo al ser compartido y disfrazarse de indiferencia; las cosas suceden mientras miramos a otro lado. La serie pierde la oportunidad de ir al fondo haciendo de la pompa de jabón una burbuja con efectos preciosos. El problema es la adaptación, la propuesta, es como si trataran de hacernos olvidar que muchas personas de carne y hueso se han tenido que enfrentar a situaciones reales y no han podido hacerlo solas porque los intereses de la realidad circundante las han anulado.

Por otro lado en la serie tampoco es cierto que todas las mujeres sean víctimas de la sociedad que se ha creado, las hay con poder como las tías (usando recursos visuales muy potentes como en La kapo) pero sin dejar claro su posición de prisioneras. En el libro esto sí queda plasmado pero en la serie, que busca la fácil identificación con la víctima heroica, se lo pasan por alto. Por otro lado están las esposas de los comandantes, que una vez más quedan sin fuerza a pesar de las magníficas actuaciones y lo bello de la fotografía en cada plano.

En palabras de su autora, se trata de “un relato imaginario de lo que sucede cuando ciertos no infrecuentes pronunciamientos sobre las mujeres se llevan a sus conclusiones lógicas” El asombrario & co

En varias de las escenas de «represión/subordinación» la serie sobre todo ofende y no precisamente por cruda o fuerte sino por irreal e improbable. Recuerdo una escena en particular cuando Defred con una mirada de reto se niega a obedecer una orden de la Tía quien asombrada las envía a todas a sus casas sin tomar ninguna medida ante esa insubordinación, justo cuando en la escena anterior había castigado, con golpes demoledores, a otra de las criadas por haberse negado hacer lo mismo. Pequeñas contradicciones, que a mi modo de ver son incoherentes, tramposas y manipuladoras.

También se nos muestran la otra cara de la moneda: La sociedad libre (México y Canadá) que se dejan ver, la primera como una socia potencial y la segunda como un paraíso que se hace patente en una escena corta, pero no por ello menos patética, al regodearse en la fantasía que tienen algunos sobre los refugiados. Es curioso que al hablar de los que están llegando a sus tierras se afirme, con una xenofobia contenida dentro de lo políticamente correcto, que estos son atendidos con una consideración desbordada, mejor que a los nativos del lugar. Si nos quitamos las gríngolas y vemos las noticias de diferentes países nos vamos a sorprender al comprobar que todos dicen lo mismo y el problema se enfoca, de forma velada o directamente desde el mismo ángulo. Creo que en la serie se ha perdido una gran oportunidad para mostrarnos la realidad sobre este tema, menos bonita y más acorde con este drama real.  Es deplorable cuando  vemos llegar a Moira al país “libre” y la atienden ubicándola en un apartamento, le regalan dólares, teléfono y la ponen en contacto con su amigo (el esposo de Defred). Un poco de fantasía no está mal, pero… bueno es cilantro, pero no tanto.

Nuevamente la serie me defrauda al ver cómo se regodean en la fantasía infantil de aquellos que han elegido ignorar la realidad circundante y vivir su propia burbuja políticamente correcta del “soy bueno y diferente”.  Otra visión del mismo tema y misma autora, en donde el personaje principal no es presentado como víctima ni victimario es Alias Grace, miniserie menos vistosa en lo estético y  más valiente incluso, en donde la manipulación no es hacia el espectador sino entre personajes.  Definitivamente esta serie a pesar de su despliegue visual y de las actuaciones no es una serie que entretiene, sino que hace pasar el tiempo.

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio,

porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,

guardé silencio,

porque yo no era socialdemócrata

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,

no protesté,

porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a buscar a los judíos,

no pronuncié palabra,

porque yo no era judío,

Cuando finalmente vinieron a buscarme a mi,

no había nadie más que pudiera protestar.”

Ellos vinieron, por Martin Niemöller

Test de Bechdel ✔

2 comentarios en “A propósito de: El cuento de la criada”

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